¿Y si tu propósito no es algo que encuentras, sino algo que ya eres?
He empezado a pensar que lo que me pasa a mí, quizás no solo me pasa a mí. Y si a ti también te da pánico la pregunta “¿cuál es tu propósito?”, esto es para nosotras.
Anoche me di cuenta de que esa pregunta me da miedo. Sí, literalmente. Y tras una conferencia TED en toda regla en mi cabeza, he llegado a una conclusión que me está cambiando todo.
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En mis 43 años, siempre he tenido un propósito. No uno que yo haya elegido, sino uno que me han asignado.
Mis padres tenían un propósito para mí.
Mis amigos, otro.
Mis trabajos, otro más.
Cada uno definía cuál era mi “valor” en su vida. Y yo, sin saberlo, bailaba al ritmo de esas expectativas.
Lo que me motiva a levantarme cada mañana no es “un propósito tipo objetivo”. Durante años se me enseñó que mi propósito debía ser algo externo, una meta que me empujara desde fuera. Esta idea me es totalmente ajena. Y eso, justamente, es lo que más miedo me da.
Porque tras años de vida, he descubierto algo que no quieren que sepamos:
El propósito no está fuera. No hay que alcanzarlo.
El propósito no es algo que otros deciden por su propio confort o necesidad. Es la sensación de que mi vida, el estar viva, no solo sirve para algo. Es que el estar vivos es el propósito en sí.
Nuestras decisiones en cada instante presente.
El propósito es SER en cada momento, en total coherencia conmigo misma.
Y esa es la parte que más miedo me da.
Aquí entran las decisiones incómodas.
El descanso sin juicio.
El disfrute de la belleza del instante.
El aprendizaje del fallo.
No buscar fuera lo que ya somos dentro.
¿Y tú, cuál crees que es el propósito de tu vida?
¿Qué decisión incómoda te hará más “tú” esta semana? Cuéntame en los comentarios. Empieza con la más pequeña. La más difícil. La que te hace cosquillas en el estómago.
Ahí es donde empieza todo.