El perdón como camino hacia adelante
Durante estas últimas semanas, el tema del perdón ha aparecido una y otra vez en mis sesiones.
A veces como pregunta, a veces como necesidad, a veces como un peso que se arrastra desde hace años.
¿Qué significa perdonarse?
¿Qué significa perdonar?
¿Es posible?
¿Y cómo se hace?
Cada persona trae su interpretación, su historia y su proceso. Pero hay algo que se repite: el deseo de entender el perdón desde la mente lógica. Queremos una definición clara, un paso a paso, una guía externa que nos diga qué es perdonar, a quién, cómo y cuándo. Queremos la receta mágica.
Y cuanto más escucho estas preguntas, más claro veo que el perdón no es un concepto mental, ni un acto que pueda forzarse, ni una técnica que se pueda aplicar como quien sigue una instrucción.
El perdón no es una palabra
No es un intercambio.
No es un “si me piden perdón, podré perdonar”.
No es un “no puedo perdonarme porque debería haber sabido mejor”.
El perdón no depende de lo que hagan los demás.
No depende de que el pasado cambie.
No depende de que nos compensen, nos expliquen o nos den razones.
No podemos cambiar las decisiones que tomamos, ni la responsabilidad que asumimos sin saber que no era nuestra, ni la que no asumimos porque no sabíamos que nos correspondía.
No somos quienes fuimos
Somos quienes somos hoy.
Y desde aquí podemos construirnos.
Podemos permitir al cuerpo estar presente con lo que haya ahora.
Podemos entrenar a la mente para dejar de mirar atrás buscando culpables —fuera o dentro— y empezar a mirar hacia adelante.
El perdón profundo parece estar en aceptar quién fuimos, sin permitir que esa imagen limite quién podemos llegar a ser.
Porque identificarnos con el daño que hicimos o nos hicieron solo nos mantiene atrapados en la historia.
La historia es eso: historia
Pasada.
La miramos.
Aprendemos de ella.
Y seguimos caminando, creando historia nueva.
Dentro de diez años, este momento será historia.
Y entonces, la pregunta será:
¿Cómo te contarás tu historia?
¿Qué te gustaría que formara parte de ella?
¿Y qué pequeño paso podrías dar hoy para acercarte a esa versión?
La mente dirá que es imposible
Dirá que no eres realista.
Que no puedes cambiar.
Que ya es tarde.
Mi mente también me lo dice.
Pero mi historia dentro de diez años no será la que creo que será.
Y aun así, será una historia.
Porque mis pequeños pasos me permiten seguir conociéndome a mí y a mi mundo en cada momento.
No me identifico con mi yo del pasado.
Esa es solo una parte de mí.
Y mi deseo es conocer tantas partes como sea posible.
El perdón no es un destino.
Es un proceso, un movimiento, una forma de relación con nuestra propia historia.
No se fuerza, no se exige, no se acelera.
Se permite.
Y en ese permitir, aparece algo parecido a la libertad.